miércoles, mayo 10, 2006

PUROS ANIMALES

Concluyen algunos biólogos que entre un 78% y un 81% de las hembras que entraron en el Arca de Noé salieron embarazadas. Normal. Si todos los bichos somos iguales. En cuanto vemos que se nos acaba el brócoli corremos desesperados a hacer lo que soñamos con hacer. Eso es lo que hicieron las pobres bestiolas cuando, encerradas en la chabola flotante de un barbudo viejo y chalado mientras afuera no chispeaba precisamente, se dieron cuenta de que de ésa no salían vivos. Así que se dispusieron a fornicar como locos.

Hasta aquí, todo el mundo conoce la historia. Los animales sobrevivieron y se reprodujeron, con lo cual Noé demostró ser un espabilado.

Noé conocía a la perfección los instintos sexuales de todo animal, y por eso dedujo que encerrarlos en una situación apocalíptica llevaría a la procreación sin demoras. Quizás si en esa noche de éxtasis no se hubiera copulado tanto y tan efectivamente, los animales hubieran vivido algunos años más, pero, sin ningún motivo de fuerza mayor para preñar a las hembras (aunque éste sea siempre un efecto colateral), podrían haberse despistado con lo del instinto reproductivo y no haber dejado descendencia. Noé se las sabía todas, como también sabía que no tenía ningún sentido llevarse una mozuela al barco, ya que hacía años que su barbudo pajarito había dejado de funcionar.

Lo que pocos saben, y Noé puede que tampoco atinara a ver, es que algo más pasó esa noche. En cuanto vieron que se les acababa el brócoli, los animales corrieron desesperados a hacer lo que soñaban con hacer. No lo que “debían” hacer. Esa fracción de segundo que cruzó por todos los hemisferios derechos de la fauna encerrada era como una valla publicitaria de Benetton. Ninguna criatura estaba pensando en montárselo con el de su especie. Cada uno quería catar a las bestias con quien se había cruzado tantas veces bajo las palmeras o junto al arroyo, a quien había evitado tímidamente no por falta de interés sino por pura convención social. En aquel momento “carpe diem, quememos la noche”, el babur deseaba enfermizamente poner a cuatro patas a la fidana, y el chulo del kesei se rebajaba tanto como hiciera falta para que el minúsculo sichi le lamiera los bigotes.

No.
No son errores tipográficos.
Ni falta de cultura zoológica.
Si al lector no le resultan familiares las especies que he mencionado, es por un motivo muy diferente. Es por el secreto no revelado del arca de Noé.

El bueno de Noé no reclutó a tigres, leones y gorilas, sino a mambrucos, rauras y gomanes. Ésos eran los animales existentes por aquel entonces. Los originarios. Los puros. Fue a partir de esa noche de desenfreno y parejas inconcebibles que todo cambió. La fidana no dio a luz a una fidana. Tras haber copulado con el babur, el yotil y la casibea, parió un pequeño ratón. La raura parió una liebre, mientras que su pareja por naturaleza, el raura macho, había dedicado la noche a los especimenes de su sexo, por lo que no engendró nada.

De ahí, de esa orgía multirracial y bisexual, surgieron los animales que hoy conocemos y que Noé, que falleció poco después de cumplir su misión, jamás pudo ver. No obstante, algunos expertos opinan que el benefactor no murió ignorando todo lo que pasó aquella noche, ya que, al desembarcar el Arca, un ranote parió un anfibio barbudo.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Esta si que es buena. Tanto rollo singaporrero y nos sales con una de Darwin. En que estabas pensando? La verdad es que siguiendo tu blog me estoy enterando de más cosas de Singapore que cuando estuve, ya hace bastante tiempo y muy poco tiempo. No nos falles y acaba tu relato. Me lo paso muy bien. ¿Por cierto, no hay nadie más que haya redescubierto una ciudad real?
No te pierdas el hotel Raffles, aunque sea tomando un café, un té o un jugo de algo.

7/6/06 03:42  
Blogger emma said...

Entiende que, con tanto tiempo libre, una se saca sus teorias. Gracias por lo del Raffles, aun no hemos estado alli.

:-)

7/6/06 20:44  

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