GRACIAS
Este domingo ha sido un inspirational. Por fin hemos visitado lo que se anuncia como una de las atracciones turísticas más originales de Singapore. En alguna página de Internet incluso lo consideran la séptima maravilla kitsch sobre la faz de la Tierra. Señoras y señores, les presento Haw Par Villa, una fusión de China, Disneyland y el Pasaje del Terror. La historia es interesante: los hermanos Haw y Par eran los propietarios del Tiger Balm, que es un mejunje que te untas y espanta todos los males. Se fabrica y vende masivamente en Singapore y no sé si funciona pero huele bien. Estos dos hermanos eran chinos. Con una fuerte educación y cultura chinas. Vivían en un palacete rodeado de jardines. Y, un buen día, uno de ellos decidió que esos jardines podían servir para divulgar los valores (religiosos y culturales) de su país. Así que desembucharon un pastón y montaron una especie de parque de atracciones presidido por el “10 courts of hell”, donde se explica el proceso de juicio, castigo y redención por el que pasa un chino cuando muere. Todo ello a través de esculturas muy, muy gráficas. Gore, diría yo. El resto del parque recrea paisajes, escenas y figuras mitológicas menos escabrosas, incluso festivas en algunos casos.
Los hermanos Haw Par se convirtieron así en una especie de benefactores para los chinos, que acudían a los Jardines para admirar y entender lo que allí se mostraba. Al principio, el parque era privado. Incluso tenía una montaña rusa. En 2001, los propietarios decidieron cedérselo al gobierno para que la entrada fuera gratuita y más ciudadanos pudieran visitarlo. Durante estos 5 años, el gobierno no sé si ha hecho mucho o poco, pero no hay montaña rusa y el parque está un poco… de capa caída. Quizás por eso, la suma de esculturas surrealistas y un entorno un poco decadente es impactante, bello y totalmente desconcertante para un occidental para quien los iconos religiosos no son precisamente estatuas fucsias con la sonrisa de Mickey Mouse.
Volveremos. Y volveremos preparados.







A pesar de todo, después del Haw Par Villa seguimos teniendo sed de material freak, así que nos vamos a Lau Pa Sat (“mercado viejo”), donde se está celebrando un festival de imitadores de elvis. Bueno, quien dice festival dice “trobada de casal”. Son una veintena de yayetes que se han traído el radiocasete y hacen karaoke. Lo mejor, las bailarinas.

Y de camino hacia allí pasamos por Chinatown:
Los hermanos Haw Par se convirtieron así en una especie de benefactores para los chinos, que acudían a los Jardines para admirar y entender lo que allí se mostraba. Al principio, el parque era privado. Incluso tenía una montaña rusa. En 2001, los propietarios decidieron cedérselo al gobierno para que la entrada fuera gratuita y más ciudadanos pudieran visitarlo. Durante estos 5 años, el gobierno no sé si ha hecho mucho o poco, pero no hay montaña rusa y el parque está un poco… de capa caída. Quizás por eso, la suma de esculturas surrealistas y un entorno un poco decadente es impactante, bello y totalmente desconcertante para un occidental para quien los iconos religiosos no son precisamente estatuas fucsias con la sonrisa de Mickey Mouse.
Volveremos. Y volveremos preparados.







A pesar de todo, después del Haw Par Villa seguimos teniendo sed de material freak, así que nos vamos a Lau Pa Sat (“mercado viejo”), donde se está celebrando un festival de imitadores de elvis. Bueno, quien dice festival dice “trobada de casal”. Son una veintena de yayetes que se han traído el radiocasete y hacen karaoke. Lo mejor, las bailarinas.

Y de camino hacia allí pasamos por Chinatown:

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