PEQUEÑA GRAN INDIA
Es domingo y dedicamos la mañana a la piscina, que se siente sola.

Tarde, pero a tiempo, llegamos a comer algo en Mohammed Sultan Road, calle que acumula bares de noche, y probamos una sopa de cerdo increíble. Es importante ignorar el aspecto de la comida, aquí en Singapore. La belleza está en el interior.
Justo acabamos de comer y vuelven a llorar los ángeles, desesperadamente, así que nos vamos al cine y vemos “The inside man”, de Spike Lee, muy chula. Podrías traerte un Popeye de limón y sentarte a ver la peli y, cuando aparecieran los créditos, el polo estaría igual. Son p***s neveras, los cines.
[Le he cogido gusto a lo de la censura y los asteriscos. Aunque en realidad no mola nada. No oír la mitad del diálogo de Denzel Washington con el otro poli no es justo. Escuchar todas las canciones de la radio (sólo ponen raperos y Beyoncés) interrumpidas por silencios (es más sutil que los biiiips) corta el rollo. Los “yoh yoh yoh” no te llegan tanto al alma.]
Después de la peli sí podemos completar nuestra misión, que era ir a Little India. Esto no es Singapore. Las calles están a reventar de indios (todo hombres) hablando, de pie o sentados, en la calle. Algunos van descalzos, otros comen cosas. Muchos caminan cogidos de la mano. El domingo es el día de descanso (la mayoría tienen los puestos de trabajo que nadie quiere: construcción, limpieza, etc) y lo aprovechan para juntarse con los colegas.
En muchas calles hay mercados de fruta, especies, ropa… todo tirado de precio. Cenamos en el Komala Vilas que nos habían recomendado, donde las mesas se comparten y se come con las manos.
Mola.

Tarde, pero a tiempo, llegamos a comer algo en Mohammed Sultan Road, calle que acumula bares de noche, y probamos una sopa de cerdo increíble. Es importante ignorar el aspecto de la comida, aquí en Singapore. La belleza está en el interior.
Justo acabamos de comer y vuelven a llorar los ángeles, desesperadamente, así que nos vamos al cine y vemos “The inside man”, de Spike Lee, muy chula. Podrías traerte un Popeye de limón y sentarte a ver la peli y, cuando aparecieran los créditos, el polo estaría igual. Son p***s neveras, los cines.
[Le he cogido gusto a lo de la censura y los asteriscos. Aunque en realidad no mola nada. No oír la mitad del diálogo de Denzel Washington con el otro poli no es justo. Escuchar todas las canciones de la radio (sólo ponen raperos y Beyoncés) interrumpidas por silencios (es más sutil que los biiiips) corta el rollo. Los “yoh yoh yoh” no te llegan tanto al alma.]
Después de la peli sí podemos completar nuestra misión, que era ir a Little India. Esto no es Singapore. Las calles están a reventar de indios (todo hombres) hablando, de pie o sentados, en la calle. Algunos van descalzos, otros comen cosas. Muchos caminan cogidos de la mano. El domingo es el día de descanso (la mayoría tienen los puestos de trabajo que nadie quiere: construcción, limpieza, etc) y lo aprovechan para juntarse con los colegas.
En muchas calles hay mercados de fruta, especies, ropa… todo tirado de precio. Cenamos en el Komala Vilas que nos habían recomendado, donde las mesas se comparten y se come con las manos.
Mola.

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